Sacar los gases al bebé: ¿de verdad hay que hacerlo siempre?
¿Sacar los gases después de cada toma es realmente necesario, o solo una costumbre muy repetida? Esto es lo que dice la evidencia disponible.

¿Sacar los gases después de cada toma es de verdad una necesidad médica, o simplemente una costumbre tan repetida que nadie se para a cuestionarla? Casi todas las familias salen del hospital con la misma instrucción: dar de comer y luego sacar los gases, sin excepciones. La evidencia detrás de esa instrucción es mucho más débil que la seguridad con la que se repite.
Lo que muchas familias entienden mal
La idea detrás de la mayoría de los consejos es que el aire tragado durante la toma causa molestias y hay que sacarlo activamente. Nunca se ha demostrado realmente que sacar los gases sea necesario desde el punto de vista médico, y se recomienda más por tradición que por ensayos que hayan probado su utilidad. Un estudio que comparó bebés a los que se sacaba los gases sistemáticamente con otros a los que no, no encontró diferencias en su nivel de irritabilidad — y el grupo al que se sacaba los gases regurgitaba incluso más, no menos.
Por qué esta costumbre se generalizó igualmente
Los bebés alimentados con biberón suelen tragar más aire que los amamantados, debido a cómo fluye el líquido a través de la tetina, lo que explica en parte por qué el consejo de sacar los gases se extendió tanto, sin importar el método de alimentación. La mayoría de los bebés tragan naturalmente menos aire a medida que crecen, con una mejora notable alrededor de los cuatro a seis meses, que suele coincidir con el momento en que muchas familias notan que sacar los gases importa cada vez menos por sí solo.
Lo que realmente ayuda
En lugar de tratar el sacar los gases como un paso obligatorio tras cada toma, funciona mejor seguir las señales del propio bebé: seguir intentándolo si parece inquieto durante la toma o justo después, y no forzarlo si parece tranquilo y satisfecho. Un bebé que se queda dormido plácidamente al pecho o al biberón sin haber echado el aire normalmente no necesita ser despertado para conseguirlo.
Qué hacer a partir de ahora
Si se intenta sacar los gases, merece la pena probar varias posturas (erguido contra el hombro, sentado apoyado en el regazo, o boca abajo sobre el antebrazo), porque lo que funciona varía según el bebé. Tampoco hace falta dar palmaditas fuertes para que funcione: una mano apoyada con suavidad y de forma constante suele ser suficiente, y no hay evidencia de que golpear más fuerte saque el aire más rápido. Con dos o tres minutos de intento basta antes de seguir adelante; alargar el momento más de la cuenta no aporta ningún beneficio extra.
Si un bebé muestra reflujo o molestias evidentes y repetidas durante o después de las tomas, es buen momento para comentarlo con el pediatra en lugar de suponer que solo falta insistir más, ya que en esos casos concretos sí puede merecer la pena prestarle más atención al tema junto con el profesional que atiende al bebé, en vez de intentarlo todo por cuenta propia sin una segunda opinión.
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