Tirones de Oreja en el Bebé: el Mito de "Son los Dientes"
Tu bebé se tira de la oreja y crees que son los dientes. Según la AEP, puede ser otitis o solo un hábito — así distingues cada causa.

Ese gesto —la mano del bebé subiendo una y otra vez hacia la misma oreja— genera una sensación muy concreta en cualquier padre o madre: el alivio de tener ya una explicación a mano («son los dientes») mezclado con una duda de fondo que no siempre se calla del todo. Es comprensible: la dentición es la explicación más hablada, la que menos asusta y la que primero viene a la cabeza. Pero «son los dientes» es un supuesto por defecto, no un diagnóstico, y apoyarse solo en él puede hacer que una infección de oído pase inadvertida varios días de más.
Lo que muchas familias entienden mal
Como la dentición se usa para explicar casi cualquier cosa durante el primer año y medio de vida —el mal humor, la baba, el sueño peor de lo normal—, es fácil dejar de buscar más allá en cuanto esa etiqueta parece encajar. El tirón de oreja tiene en realidad tres causas genuinamente distintas y frecuentes, y solo una de ellas es la dentición. Las otras dos son la otitis media aguda, que sí puede necesitar tratamiento, y un simple hábito de autoexploración que no necesita nada en absoluto. Tratar todos los tirones de oreja como intercambiables con la dentición tiene un coste real: puede hacer que señales de infección se descarten como «una fase», mientras que un bebé que simplemente ha descubierto su propia oreja se trata como si algo fuera mal.
El Continuum de la Asociación Española de Pediatría (AEP) —su plataforma de formación continuada— recoge un metaanálisis que sitúa la irritación de las encías (86,81%), la irritabilidad (68,19%) y el aumento de la salivación (55,72%) como las manifestaciones realmente asociadas a la salida de los dientes. La fiebre no está entre ellas: el propio documento precisa que el ligero aumento de temperatura que a veces acompaña a la dentición «en ningún caso es una temperatura que entre en el intervalo de fiebre», y advierte de que atribuir a los dientes una fiebre real, una diarrea o una infección respiratoria puede retrasar el diagnóstico de algo que en realidad no tiene nada que ver con ellos —dentición y esos síntomas pueden coincidir en el tiempo sin que uno cause el otro.
Otitis, dentición o hábito: qué distingue a cada una
La Guía de Algoritmos en Pediatría de Atención Primaria de la AEPap (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria) define la otitis media aguda como la presencia de líquido en el oído medio junto a signos de inflamación aguda —hiperemia timpánica, otalgia, abombamiento— que en los lactantes suele manifestarse como irritabilidad, llanto, insomnio o rechazo del alimento, más que como un dolor de oído que el bebé pueda señalar con claridad. Es más frecuente de lo que parece: según Anales de Pediatría, la revista científica de la AEP, la mitad de los niños ha pasado por al menos un episodio antes de los 3 años, con el pico de incidencia entre los 6 y los 15 meses —justo la franja de edad de este artículo—, y entre un 17% y un 30% de los lactantes llega a tener un segundo episodio.
Aquí está el dato que de verdad cambia cómo interpretar un tirón de oreja aislado: el propio síntoma más específico de la otitis, el dolor de oído, puede estar ausente hasta en un 40% de los casos en lactantes pequeños, según la misma fuente. Es decir, un bebé sin otitis puede tirarse igual de la oreja, y uno con otitis a veces no da esa señal en absoluto —el gesto por sí solo no confirma ni descarta nada, y es justo por eso que el diagnóstico exige la combinación de varios criterios (inicio agudo, signos de líquido en el oído medio y signos de inflamación), no un tirón suelto.
- La otitis es más probable cuando el tirón de oreja va acompañado de fiebre, llanto que cuesta calmar, sueño peor de lo habitual, rechazo del pecho o el biberón (tragar aumenta la presión y duele más), o secreción que sale del oído —sobre todo si todo esto llega después de un resfriado reciente.
- La dentición es más probable cuando lo que acompaña al tirón es babeo abundante, ganas de morder cualquier cosa al alcance, la encía visiblemente enrojecida en la zona por donde asoma el diente, e irritabilidad leve sin fiebre real ni dolor localizado en el oído.
- El hábito es más probable cuando el bebé está por lo demás perfectamente bien —come con normalidad, duerme su patrón habitual, está tranquilo— y se toca la oreja de forma repetida sin relación con estar enfermo, a menudo junto con tirones de pelo o exploración de otras partes del cuerpo, típico a partir de los 6 meses.
Qué ayuda de verdad
Si el cuadro apunta a otitis, la propia guía de la AEPap describe cómo suele abordarse en consulta: en bebés mayores de 6 meses sin otitis grave, sin secreción y sin los dos oídos afectados, el pediatra puede optar por una conducta expectante con paracetamol o ibuprofeno para el dolor y una revisión a las 24-48 horas antes de decidir si hace falta antibiótico. En menores de 6 meses, o cuando hay secreción, fiebre alta o ambos oídos afectados, la recomendación habitual cambia hacia un tratamiento más inmediato. Nada de esto es algo que se pueda decidir mirando solo la oreja por fuera —se basa en lo que el pediatra ve con el otoscopio, no en cuánto se la toque el bebé.
Si todo apunta a dentición, las medidas de siempre ayudan: algo frío y seguro para morder, un masaje suave en la encía con un dedo limpio, y paciencia, porque las molestias que sí son reales —irritación de la encía, babeo— van cediendo solas a medida que el diente termina de salir. Si lo que hay detrás es simplemente un hábito de exploración, no hace falta intervenir: redirigir la atención con un juguete durante los ratos despierto puede reducir la frecuencia, pero no es una señal de alarma ni algo que deba corregirse a la fuerza.
Preguntas frecuentes
¿Puede haber otitis sin fiebre? Sí —el diagnóstico se basa en la combinación de tres criterios (inicio agudo, líquido en el oído medio y signos de inflamación), y la fiebre es solo uno de los síntomas posibles en lactantes, no un requisito. Por eso su ausencia no descarta por sí sola una infección de oído.
¿La dentición puede dar fiebre alta? Según la AEP, no debería. Una fiebre real (por encima de 37,5ºC timpánicos) no debería atribuirse a la dentición sin más —conviene buscar otra causa y comentarlo con el pediatra si se mantiene.
La próxima vez que veas esa mano subir hacia la oreja, la pregunta que de verdad importa no es «qué será» sino esta: ¿viene acompañada de fiebre, de un llanto distinto al habitual o de secreción saliendo del oído —o tu bebé sigue siendo, por lo demás, exactamente el mismo de siempre? Si no consigues responder con seguridad, no hace falta que lo adivines: habla con su pediatra y que confirme con el otoscopio lo que ningún gesto por fuera puede decirte del todo.
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